El ritmo, la música y el lenguaje popular en Nicolás Guillén

octubre 22, 2007

por: Magdalena Jiménez Romero

Diré finalmente que estos son unos versos mulatos.
Participan acaso de los mismos elementos
que entran en la composición étnica de Cuba,
donde todos somos un poco níspero.

Nicolás Guillén


Introducción

La poesía de Nicolás Guillén ha sido denominada o calificada de numerosas formas. La más común es la de “poesía negra”, aunque es cada vez menos aceptada por limitarla a uno sólo de los tan variados aspectos que trata. Otra es “poesía afrocubana” o “afrocaribeña”. Sin embargo, el propio Guillén, en su prólogo a Sóngoro Cosongo, denomina su obra como “poesía mulata”, dándole el sentido universal necesario para conciliar la diferenciación de razas que tanto ha hecho sufrir a su pueblo. Para entender lo mulato en tal sentido, sería necesario acudir a la palabra “transculturación”, neologismo creado por Fernando Ortiz para integrar a todas y cada una de las culturas que conforman el núcleo mestizo en Cuba. Esto es lo que tomará Guillén para darle forma a su obra: la cultura popular cubana, producto de un mestizaje múltiple en el que participaron principalmente la cultura española y la africana con todas sus variantes. Ambas se movían dentro de un contexto común al resto de las Antillas: la plantación, lugar donde encuentran las músicas y danzas populares su espacio de gestación a partir de todos sus elementos, pero con preponderancia africana. El son es una de esas músicas, pues se combinan la melodía, los metros y los instrumentos musicales con la tradición del canto y la rítmica africanos.
La importancia que tiene el son para Guillén es que en él se encarna la popularidad en todas sus facetas, tanto en lo rítmico y musical como en la oralidad, convirtiéndose en los principales recursos estilísticos de su obra, y haciendo de ello un instrumento para expresar su inconformidad hacia la situación social, racial y económica de Cuba, mediante un nacionalismo integrador.
Aunque la crítica siempre ha preferido enfocarse al aspecto social de la obra de Guillén, a partir de los años setenta comienzan a aparecer más textos que nos hablan del aspecto musical, rítmico y lingüístico de sus poemas. Aunque no todos ellos han sido para mí totalmente accesibles, he querido de cualquier modo examinar la estética innovadora y vanguardista del poema-son guilleniano desde esa óptica, pues la música y el lenguaje, con todas sus variantes dialectales, son las formas más explicitas de entender lo popular en la obra de Guillén, y la esencia cultural de lo que Cintio Vitier llama “lo cubano”, entendido éste como el mestizaje multifacético entre lo africano y lo español, más allá de tratar de enfocarse solamente en la esencia negra.
Para destacar estos dos aspectos estéticos (el ritmo musical y le lenguaje popular) he querido basarme principalmente en Motivos de Son (1930) y Sóngoro Cosongo (1931), recurriendo asimismo a otros poemas para ejemplificar algunos puntos.

El ritmo del son en Guillén

Como ya hemos mencionado, el son es música mulata por contener elementos hispano-africanos en su composición, pero por mucho tiempo las clases sociales altas la rechazaron por estar íntimamente vinculado a la raza negra y la pobreza económica en que vivía. Poco a poco, por diferentes factores socioculturales, lo “afrocubano se hace cubano”, y tanto la literatura como la música culta se ven impregnadas de lo que antes era violentamente relegado.
Existe un poema anónimo del siglo XIX llamado “Son”, cuya estructura poética es la misma que usa Guillén en sus Motivos de son, así como la fonética y el lenguaje popular: «Mulata colorá/ aprende d’esa negrita/ que se planchó la pasita, / se cortó la melenita, / y tiene la bemba rosa». Los primeros poemas de la corriente negrista escritos por cubanos aparecen en 1928 con José Z. Tallet, Ramón Guirao y Emilio Ballagas, entre muchos otros, pero ven al negro “desde afuera” , como poetas blancos, a diferencia de Guillén, que lo plasma desde su sentir mulato. Su innovación es crear, por un lado, un orgullo de raza en el negro, reivindicando su lugar en la cultura cubana, y por otro, elevar el son a estrofa poética. Mi análisis abarcará esta última, principalmente en su estructura formal, pero sin descartar algunas observaciones en cuanto a su contenido.

Guillén descubre que dentro de la estructura y el espíritu del son existen posibilidades poéticas antes no exploradas. Extrae el “montuno” del son popular (generalmente interpretado por sextetos típicos en cuba), es decir, el estribillo rítmico en forma de comentario malicioso y burlón, y “ese sentido de final que todo se resuelve en risa y baile” […]

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