Exposición permanente en el museo de la novela de la eterna (estudiantes no pagan)

por Cristobal Gândurile (2009-1)

“Palabra
¿Recuerdas a aquellas que nombraste
más allá del fuego, en la pasión,
ardiendo el alma como una hoja de otoño
tormenta u ola en la galerna?”

Francisco Cervantes.

Un museo, según el Diccionario de la Real Academia, es un lugar abierto al público, cuya finalidad consiste en la adquisición, conservación, estudio y exposición de los objetos que mejor ilustran las actividades del hombre, o culturalmente importantes para el desarrollo de los conocimientos humanos. Basado y parafraseando lo anterior, un museo literario o un museo de la novela, tratará de alguna forma cumplir con las actividades entorno a él: la adquisición, conservación estudio y exposición de objetos-personajes o actores literarios dentro de una novela, que ilustran las acciones ficticias literariamente importantes para el desarrollo de la misma.

¿Pero cómo desarrollar esta empresa, cómo fomentar o llevara acabo la adquisición, conservación, estudio y exposición de actores literarios dentro de una novela?

Primeramente el Museo de la Novela de la Eterna, está conformado por prólogos y capítulos; prólogos que se agolpan en la lectura, que nos dejan por una parte confundidos ya que no existe una secuencia lineal o “lógica”, pero en los cuales se representan acciones que son consecuencias de la principal idea, un museo.

En ellos, entonces, se dan las características mismas de la obra, la adquisición de actores literarios, el autor, el lector, los críticos, los editores, los personajes, teoría de la misma novela. Cada uno de los actores es adquirido y reinventado.

El Autor[1]; dentro de la obra no es Macedonio Fernández, él (Macedonio), presenta un Autor independiente en sus prólogos, que adquiere y delimita a su Lector, personaje de la misma novela, además de contar con la ayuda de nosotros los lectores, yo en mi caso; es decir, uno como lector de la obra es invitado a convertirse en un ente imaginario, en el personaje dentro de una novela:

Tengo la suerte de ser el primer escritor que puede dirigirse al doble lector… [2] nos dice el Autor, y es con esto que se realiza la adquisición de la parte más importante de una obra, el lector y el autor.  

Es cierto que dentro de la obra ya esta determinado un tipo de lector, pero aun así, nosotros los lectores somos convidados a formar parte de la obra, y es que naturalmente lo hacemos al leer una novela, refractamos la realidad a la obra y comenzamos a lanzar juicios comparativos entre ficción y realidad. Pero qué pasa con una obra que esta sustentada en una ficción que no refleja más que la realidad de la lectura de la obra, qué pasa cuando los personajes adquiridos dentro de la obra son completamente ficticios y no buscan una veracidad con la realidad, sino la interacción dentro de la ficción, convertir al lector real en personaje dentro de la obra, buscan sólo la veracidad narrativa.

Entonces la obra adquirirá lectores variados a través de su existencia; al ser invitados de la ficción se cumple con la conservación de la obra misma, y renacimiento de ésta. Es decir se cumplirá con una parte de las características de un museo de la novela.  

El estudio de los actores narrativos está íntimamente relacionado con la manera de exponer la novela y la forma de interactuar con el lector, el lector y el lector se enfrentarán a un frangollo literario, a una presentación de discursos hechos por el autor para presentarnos la obra, una presentación o exposición sin más orden que el mismo desorden, un autor saltador exige un lector salteado. Alguien que este preparado para llenarse de discursos previos y que además no busque un orden dentro de si, pero que trate de llegar a su estudio de armado: el autor y el autor aluden a un tipo de lectura diferente que sea un reconstrucción de una novela que puede reconstruirse de múltiples formas, si embargo bajo una estructura ya concebida desde el inicio, la alteración.

Referencias

Mastronardi, Carlos, Comp. Macedonio Fernández. Selección de escritos, Buenos Aires. Centro editor de América latina.1968 pp. 64-115.
De Obieta, Adolfo, Macedonio Fernández. Buenos Aires. Ediciones Corregidor, 2004.
Diccionario de la Real Academia de la lengua española. 2004

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[1] Usaré cursivas para diferenciar el autor (Macedonio Fernández) del autor , dentro del Museo de la novela de la eterna.

[2] Mastronardi, Carlos, Comp. Macedonio Fernández. Selección de escritos, Buenos Aires. Centro editor de América latina.1968 p.65

Una respuesta a Exposición permanente en el museo de la novela de la eterna (estudiantes no pagan)

  1. Fco. Puente dice:

    «Sólo aprendiz soy aun del misterio de amor que se enseña en las luces de tus ojos, y en tu movible acento, y puedo vacilar, perdido en el reconocerte por las hechicerías y mutaciones en que te transfigura la avidez de renovaciones de tu beldad eterna.»

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