Crónica de Buenos Aires

por la autora

Pensaba en Krause y Vargas Llosa pasándose un papelito que decía ¿puedo decir lo que quiera? “Sí Mario, puedes decir lo que quieras”. Y tanto pudo decir lo que quería que le aplicaron el 33.
Motivo de viaje: Macedonio Fernández, sólo Macedonio Fernández, nada de grupo martinfierrista  ni la literatura argentina en general. No recuerdo cómo llegué a Buenos Aires pero aquí estoy, en las calles cercanas a Congreso, con el pantalón de pana que huele a palmitos y una cámara fotográfica dentro de una lonchera con estampado de dinosaurios.  “La dictadura perfecta” no hay dictadura más perfecta que meter una cámara fotográfica dentro de una lonchera morada con estampado de dinosaurios. Estoy a una cuadra de Congreso, buscando un árbol, poste o farol para subirme y comenzar a fotografiar, todavía hay luz de media tarde y tiempo para dar el flashbackaso.
¿Dónde se va a armar el quilombo? La palabra quilombo me suena a gallos de pelea pintados de blanco con pintura vinci, vestidos con falditas de danza regional bailando el jarabe tapatío. A la Real Academia de la Lengua Española le suena a que a los habitantes de Río de La Plata les suena a prostíbulo, y a los porteños quilombo les suena a Boooooom, Bommmm, tu tu tu ru tu ru tu túuuuuu, “porque somos la verdadera revolcióoooooon”  y a “si el pueblo no está aquíiiii, entonces ¿dónde estáaaa? Tara rar ra rá” Lo que más suena son los bombos, 90 mil personas en el Congreso apoyando a la Cristina Fernández.
Le dije a Pablo que se apurara a cocinar, íbamos a la marcha.” Qui-lom-bo”. Bueno sí, al quilombo y luego regresamos a comer. “Yo me conozco, si no como antes me canso y me pongo histérico”. Pero desayunamos hace dos horas….. Salimos de casa después de comer un delicioso ají de gallina con arroz. Tenemos que hacer conexión con la línea de metro azul, estamos en la morada y de ahí, salimos una antes de Congreso y nos metemos a la marcha. “Quilombo”. Busqué el significado de quilombo en el diccionario y mira lo que encontré “quilombo: M. Á. guar. y Á.R. Plata. prostíbulo.”
Caminamos al metro Boedo y de ahí fuimos hasta Bolívar donde conectamos  con la línea azul. Cuatro estaciones después nos encontrábamos en Sáenz Peña, ahí escuché “booooom, boooooom, boooooom” woow, ¡ya quiero madrazos! Subí corriendo las escaleras. Soy una chica pasiva, hago actividades manuales sin moverme de una estrecha sillita por horas, no me gusta gritar ni la música a volúmenes muy altos, suelo ser insegura y hablo bajito, siempre enredando el empeine en las patas de la silla. Pero ahora tengo la panza llena de arroz y ají de gallina, un pantalón de pana que huele a palmitos y una cámara fotográfica dentro de una lonchera morada de cuatro cierres y estampado de dinosaurios. Estoy en una manifestación en apoyo a Cristina Fernández, presidenta de la república Argentina y, sin saber nada de las Retenciones, más allá de lo que cuenta La Jornada (fuente poco confiable) y el taxista que me transportó en el largo trecho del aeropuerto EZE hasta Avenida San Juan  (fuente pecadora de exceso de confiabilidad) decidí formar parte del quilombo en apoyo a la presidencia, por el puro gusto de meterme al contingente Tupac Amaru de la provincia de Jujuy.
Me desprendí  del último escalón y escuché cada vez más fuerte los bombos y trompetas, Pablo estaba a mi lado. “Hay muchísima gente”. “Sí, se trajeron todo el Gran Buenos Aires, mira cuántos bolivianos y peruanos,  y cuántos hijos de bolivianos y peruanos”.  Saqué la cámara, las mantas son tan grandes que utilizan palos  de bambú para mantenerlas y son como 8 personas las que las van moviendo mientras avanza la manifestación, o sea, qué mantita del CELA o “Viva el presidente legítimo” ni qué ocho cuartos, son bambús de pinches siete metros de altura sosteniendo como veinte metros de manta  con gigantes Chés Guevaras  y Evitas al lado de muchísima gente con tambores de batería y trompetas  y chicos gritando y cantando. ¡Diablos! Perdí la tapita de la cámara, ahora el puto lente va a quedar mega cochino. Pasa asamblea de barrios, dos fotos, pasan los de las banderas rojas, tres fotos, pasa un perro andaluz, siete fotos, pasa gritado súper fuerte un mega contingente de Jujuy, una foto, guardo la cámara en la lonchera morada de cuatro cierres y correa negra con estampado de dinosaurios.  Pablo y yo miramos hacia la esquina con cara de sorpresa. “Pablo, todavía continúa hasta la esquina y más atrasito”. “Diana, ahí vende choripan”. Hay que meternos con los de Jujuy. El contingente canta, hay muchos jóvenes que se abrazan mientras gritan y van saltando al tono de “porque somos la verdadera revolucióoooon”, todos uniformados con una playera blanca con la cara de José Gabriel Condorcanqui. Pasa un chico corriendo y detrás de él una chica de suéter rojo. Pablo, unámonos a los de Jujuy. “No, caminemos”. Pablo anda. Paramos en un restaurante y vimos el televisor desde los vidrios externos, era la manifestación en Recoleta, había muchísima gente. Pero, no creo que haya más gente que aquí ¿no? “No, aquí está todo el Gran Buenos Aires y no sé cuántas provincias”. Caminamos dos cuadras más. Anda Pablo, unámonos al contingente Jujuy, este es mi contingente. “No”. Caminamos una cuadra más. Me decido, entro al contingente y comienzo a brincar y tararear consignas que no conozco. ¡Venga! Brinco, camino y sudo. Una cuadra, mi suéter color arena destaca entre el uniforme blanco, media cuadra más. ¡Con este contingente hago toda la marchaaa! Un momento, ¿la marcha no era hasta Congreso? Diana se detiene, seguro la seguimos a Plaza de mayo. Miro a mis compañeros ¿se dice jujuyeros o jujuyanos? Me enfoco en un rostro medio rojo medio morocho. Oye, ¿a dónde vamos? A los colectivos. ¿No vamos a Plaza de Mayo? No. ¿Y la marcha? El quilombo acabó hace media hora loca.
Dejo de brincar y acelero el paso hacia la banqueta, encuentro a Pablo y caminamos hacia la avenida, mucha gente sentada. Subo a una banquita, intento sacar la cámara. Abro la lonchera morada de cuatro cierres, correa negra, costuras de hilo verde y estampado de dinosaurios, un par de fotos.  Hay varias botellas de cerveza en la banqueta rodeadas de papelitos y  franjas blanquiazules.
Yo quería marchar y estar en los madrazos. “Diana, nunca hubo madrazos y además te van a aplicar el 33”. Nadie puede identificar una Diana entre tanta gente. “¿A no?” Pues no. Caminamos de nuevo hacia Congreso, hay muchísimas mantas colgadas en las rejas. “Fuerza Cristina”, “Con la comida no se jode” “Apoyo a Kirschner”.
Vemos un puesto de panchos  y un carrito de choripan. Fue súper estúpido meterme a gritar al contingente sin saber que ya se había acabado. “No te preocupes, fue  mucho más estúpido cargar tu cámara en una lonchera con estampado de dinosaurios”.

Una respuesta a Crónica de Buenos Aires

  1. Ramón dice:

    ¿Y…
    …las fotos?

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