ESTUDIAR CULTURAS SUBALTERNAS ¿PARA QUÉ?

por Tesiu R. Xelhuantzi *

Introducción

En el mundo académico y en particular en los Estudios Latinoamericanos, el estudio de la cultura constituye un área de especialización que usualmente tiene el objetivo de presentarse como tesis o artículo para publicarse en revista o libro. Pero sobre todo, tiene la finalidad de cubrir un requisito, sea el de titulación para un estudiante, o el de acumular puntos para subir en el rating de los investigadores patrocinados por recursos institucionales.

En un momento en que torpemente se acusa a los Estudios Latinoamericanos de ser semillero de guerrilleros, bolivarianos vinculados a las FARC, seudoestudiantes cuasiterroristas, no obstante, las investigaciones latinoamericanistas sobre culturas dominadas y movimientos sociales no logran trascender el requisito de la titulación, y tienden a carecer de elementos prácticos militantes.

Además de respondernos por qué estudiar una cultura subalterna, también habría que preguntarse para qué estudiarla, y en consecuencia cómo realizar la investigación y qué implicaciones tendrá para la propia cultura y para  nuestro objetivo político. Los párrafos que siguen son parte de una reflexión que todos deberíamos hacer cuando estudiemos las culturas subalternas.

I.

La interpretación de las culturas americanas se ha mantenido vinculada a los intereses hegemónicos desde la Colonia hasta nuestra época. En el siglo XVI, los frailes españoles tenían como uno de sus objetos de estudio al conocimiento social, político y religioso de los pueblos, para instaurar sobre ellos las estructuras coloniales de evangelización y dominación política. La necesidad de subordinar a la lengua para imponer la ideología dominante, se develó muy tempranamente en un texto de 1524 titulado: Coloquios y Doctrina Cristiana con que los doce frailes de san Francisco enviados por el papa Adriano VI y por el emperador Carlos Quinto convirtieron a los indios de la Nueva España. En lengua mexicana y española (Véase León Portilla, 1986). En este importante escrito se muestra claramente la imposición civilizatoria y eurocéntrica del cristianismo sobre el mundo náhuatl. El hecho que se encuentre escrito en “lengua mexicana y española” muestra ya una conciencia de la necesidad del traslado de lengua para la evangelización y colonización. El estudio de la lengua náhuatl se convertiría en el medio por el cual fluirían las ideologías y categorías coloniales hacia los pueblos.

Demos un salto hasta la primera mitad del siglo XX, cuando las ciencias sociales sirvieron abiertamente al Estado mexicano para fortalecer la ideología estatal, tanto de derecha como de izquierda. Un ejemplo del uso estatal de las ciencias sociales lo constituye la presidencia de Lázaro Cárdenas, quien “echa los fundamentos de una historiografía estatal de la revolución: su preocupación política, no científica, es explícita y transparente” (Gilly, 1986: 12). Este pacto entre ciencias y Estado alcanzó a concretar la ideología de la identidad nacional como un proyecto político. En retribución, el Estado propició el fortalecimiento de las disciplinas con vertientes sociológicas.

Lo anterior nos conduce a muchos cuestionamientos en torno al carácter ético y función política del conocimiento de la cultura: ¿para qué la investigamos?, ¿para quién?, ¿con qué finalidad? En un contexto latinoamericano, Daniel Mato también se pregunta para qué sirve el estudio de las culturas subalternas, y a quién sirve la extracción de sus conocimientos y secretos:

¿Quién está interesado en dar a conocer esta información? ¿Los grupos “subalternos” pidieron ser estudiados? ¿Quién podría sacar provecho de tal producción de conocimiento? ¿A los intereses de quién sirven estas investigaciones? ¿A qué intereses guían-informan-orientan estas investigaciones? ¿Qué ganan los grupos sociales “subalternos” con esta producción de conocimiento? Mi planteamiento es que la investigación que amplía el conocimiento acerca del “subalterno”, lo coloca al alcance de los agentes hegemónicos en las sociedades metropolitanas a través de la publicación (generalmente en lenguas ajenas a los grupos “subalternos”) y otras formas de almacenamiento y distribución de la información (Mato, 1998: 482).

Al tratar de definir cómo estudiamos la cultura, surge también la pregunta para qué la estudiamos. Estos cuestionamientos traen a la mesa de la interpretación de la cultura, una generación de relaciones de dominación en torno a su estudio. Expliquemos con un par de ejemplos.

En su obra La interpretación de las culturas, Clifford Geertz (2000 [1ª ed. 1973]) plantea que “los escritos antropológicos son ellos mismos interpretaciones y por añadidura interpretaciones de segundo y tercer orden. Por definición, sólo un nativo hace interpretaciones de primer orden: se trata de su cultura” (Geertz, 2000: 28). Geertz propone que la interpretación de la cultura debe hacer una diferencia clara entre el antropólogo y su objeto de estudio. El antropólogo recopila descripciones de la realidad de un grupo en particular, para después elaborar un análisis independiente de ese grupo, es decir, una interpretación del antropólogo. De esta manera, existe un distanciamiento entre el antropólogo como investigador o sujeto cognoscente por un lado, y la cultura interpretada u objeto de estudio por el otro lado. Se trata de un enfoque que genera una relación de subordinación de un sujeto sobre un objeto, y que se ubica desde un “fuera” para interpretar un “dentro” de la cultura.

En un sentido distinto al de Geertz, el británico Hoggart planteó la necesidad de interpretar una cultura desde su interior. En su estudio realizado en 1957 sobre la clase obrera, Hoggart utilizó su doble condición como investigador y obrero, para realizar una interpretación desde el interior de la cultura obrera y desde sus propios códigos como clase social. La conclusión a la que llegó fue que las interpretaciones desde el exterior de la cultura obrera generan una pérdida de su especificidad. Y más aún, cuando la interpretación de una cultura externa sobre una interna se convierte en una relación entre una cultura dominante y una dominada, se distorsiona la interpretación desde el posicionamiento del interpretador. En otras palabras, la conclusión de Hoggart fue que la interpretación de una cultura es marcada por la posición cultural del investigador, así como por su posición en las relaciones sociales de dominación.

II.

Con los elementos que hemos contemplado hasta el momento, podemos concebir un cruce entre un dentro y un fuera de la cultura, así como una interpretación dominante y otra dominada. Desde nuestra posición, consideramos que una cultura no debe ser interpretada desde fuera, sino comprendida desde adentro. Esto lo planteamos con un sentido ético, pero también porque este enfoque nos puede retribuir ampliamente si somos pacientes como lo exigen las largas estancias de convivencia al interior de la cultura. En este mismo sentido se proyecta la propuesta de Bodley:

Es imposible conocer cualquier cultura si no es desde su interior, como un miembro nativo. Incluso el antropólogo más hábil siempre será un externo cuando observe una cultura diferente. El problema para los antropólogos es cómo superar, o al menos tomar conciencia, de los prejuicios culturales propios, mientras intenta comprender otras culturas desde su interior. La traducción de símbolos desde una cultura dada siempre será imprecisa. El problema se complica por el hecho de que los miembros de la cultura pueden ser inconscientes de los significados fundamentales de sus propias categorías culturales (Bodley, 2000: 12).

La posición que Bodley toma corresponde al enfoque denominado emic, el cual plantea que para entender la cultura desde su perspectiva interna, es necesario utilizar categorías creadas por la propia cultura. Sin embargo, Bodley plantea que los miembros de la cultura pueden desconocer el significado de los conceptos clave de su propia cultura. Concluye que los conceptos tienden a ser creados por la interpretación del investigador externo a la cultura (Bodley, 2000: 13). Finalmente, Bodley no logra superar sus propias contradicciones.

No hay que perder de vista que las culturas estudiadas por la antropología suelen ser las culturas no occidentales. Esas culturas han sido subordinadas por los imperios coloniales desde hace cinco siglos. La preocupación de Bodley se centra en que no existen suficientes categorías “científicas” elaboradas por las culturas “aborígenes”. Pero lo que no contempla Bodley es que esa situación sucede en todas las sociedades. Sólo basta mostrar el nivel básico de educación que tiene el grueso de la población de los Estados Unidos, en contraste con la producción que ese mismo país genera a través de intelectuales de todo el mundo que radican en los centros de investigación estadunidenses. Con esto queremos decir que el acceso a la educación institucional no es garantía de que los miembros de una cultura conozcan su propia cultura, sea ésta occidental o no, dominante o subordinada. Tal vez habría que preguntar a los antropólogos que estudian otras culturas, qué tanto conocen de su propia cultura, y qué tanto pueden explicarla con sus propias categorías culturales.

Y aquí viene el giro que buscamos: la interpretación no debe ser exclusivamente sobre otras culturas, sino desde las propias culturas. Los llamados “intelectuales indígenas” constituyen un ejemplo de la elaboración de estudios desde el interior de culturas no occidentales, tratando de explicar y entender a su propia cultura (véase Patzi, 2004; Gómez, 2005; Amador, 2002). Trasladando este giro al mundo académico, la “objetividad científica” se anula en el momento de comprometerse en forma personal con la cultura estudiada.

De esta manera, una investigación ética implicaría la adquisición de un compromiso militante con las culturas subalternas. Consideramos que la búsqueda de proyectos políticos creados por los propios pueblos y desde el interior de la cultura, tienen que sobrepasar el eurocentrismo inherente en las ciencias sociales. Si se articulan proyectos políticos con un marco interpretativo eurocéntrico, el alcance que tengan los pueblos será muy limitado. De la misma manera, las propuestas críticas al eurocentrismo que no se comprometan con un proyecto político y social de las culturas en resistencia, no llegarán más allá de la academia.

Por ende, el reto para quien pretende comprender las culturas colonizadas implica un posicionamiento crítico a las estructuras sociopolíticas así como científicas. Y el resultado que se espera de la investigación es que aporte elementos útiles para la propia cultura y comunidad en concreto, y no solamente para un requisito académico, ni mucho menos para intereses hegemónicos. No tengamos miedo a perder la “objetividad científica”, pues eso alimentará a nuestro estudio para que adquiera un potencial descolonizador al servicio de las culturas subalternas.

Finalmente, para que la investigación pueda servir a la propia cultura en estudio, debe regresar a ella. Por eso, el investigador tiene el compromiso ético de entregar el resultado de su investigación a la comunidad, y no dejar que se quede guardada en un archivero de tesis en las universidades metropolitanas.

BIBLIOGRAFÍA

Amador Ramírez, Crispín (2002) Tlajtolchiuali, palabra en movimiento: el verbo, Instituto Mexiquense de Cultura, México.

Bodley, John H. (2000) Cultural Anthropology. Tribes, States, and the Global System, Mayfield, London-Toronto.

Geertz, Clifford (2000) La interpretación de las culturas, Gedisa, Barcelona.

Gómez Bacarreza, Donato (2005) Aruskipasipxañanakasakipunirakispawa, Manual de gramática aymara, Universidad Mayor de San Andrés, La Paz.

Gilly, Adolfo (1986) “Memoria y olvido, razón y esperanza. Sugerencias para el estudio de la historia de las revoluciones”, en Adolfo Gilly, Arriba los de abajo. Perfiles mexicanos, Océano, México.

Hoggart, R. (1990) La cultura obrera en la sociedad de masas, Grijalbo, México.

León-Portilla, Miguel (1986) (ed.) Coloquios y Doctrina Cristiana con que los doce frailes de san Francisco enviados por el papa Adriano VI y por el emperador Carlos Quinto convirtieron a los indios de la Nueva España. En lengua mexicana y española, UNAM, México. [1ª edición por Fray Bernardino de Sahagún: 1564].

Mato, Daniel (1998) “Not studying the subaltern but studying with subaltern social groups, or, at least, studying the hegemonic articulations of power”, en Nepantla: Views from the South, 3 (3): 479-502. [Disponible en http://muse.jhu.edu/journals/nepantla/%5D

Patzi Paco, Félix (2004) Sistema comunal. Una propuesta alternativa al sistema liberal. Una discusión teórica para salir de la colonialidad y del liberalismo, CEA, La Paz.

* Tesiu R. Xelhuantzi, Dr. en Estudios Latinoamericanos, UNAM

2 respuestas a ESTUDIAR CULTURAS SUBALTERNAS ¿PARA QUÉ?

  1. CRISPIN AMADOR dice:

    Agradezco que hayas leido el Tlajtolchiuali, de eso hay mucho mas, hace poco di una charla sobre el sentido socioafectivo del verbo nauatl, que es donde el pensamiento nauatl dista de la forma en que se puede explicar en castellano; de ahi que se dice: cuando aguien te invita algo, no lo rechaces por que se ofende, de ello cito: xi tlakua-come; xi mo tlakualti-date de comer; xi mo kualti se no tlaxkal, date de comer una mi tortilla; xi mo pilkualti se no piltlaxkatltsi; date de comer una mi tortillita; no es solo una invitación u orden, es un deseo a que te des de comer la tortilla que pongo a tus manos, que sea util a tu vida, o sea sé ùtil a tí mismo comiedo pra que el alimento sea útil a ti. En San Jerónimo Amanalco Tex. despues de servirte al comida en un plato y estes sentado ya cerca de la mesa, dicen: sírvase, sírvase; no refieren a que te sirvas el guisado por que eso ya esta servido, sino que te sirvas a ti mismo con el alimento que te han puesto en la mesa. Hay más, pero luego comentamos.

  2. Tesiu Xelhuantzi dice:

    Estimado Crispín, es un gusto entrar en diálogo en torno al pensamiento nauatl. Coincido en el distanciamiento con el castellano en la concepción xi-tlakua. Tal vez hayas podido leer el artículo “La palabra náhuatl”, en este mismo blogg, en el cual retomo la profunda concepción implicada en la expresión “xi-masewa”. En este caso, además de lo que comentas de “no lo rechaces porque se ofende”, también sería “no lo rechaces, porque lo cocinó la abuelita”. Esto es muy importante, pues implica que la interpretación de la cultura se posiciona desde adentro, como integrante de la comunidad, y no desde una “objetvidad” externa que “exige” la “rigurosidad científica”. Este camino, mi estimado Crispín, nos llevará a “interpretaciones” distantes a las hasta ahora elaboradas “sobre” la cultura nauatl.

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