Nunca existí tan alto como al caer: Neruda y el exitoso arte del fracaso

por: Nosreh

Nada más jamás. Jamás probar.
Jamás fracasar. Da igual.
Prueba otra vez. Fracasa otra vez.
Fracasa mejor.

S. BECKETT

I. Nunca existí tan alto

Piensa en un joven llamado Neftalí. No, mejor Pablo. Pablo se ha autoimpuesto una misión grandilocuente: quiere escribir una poesía nueva, decir lo que no se ha dicho… Posee grandes cualidades: es inteligente, ha leído bastante, ve claramente los errores de sus contemporáneos, sabe lo que quiere y de lo que es capaz, incluso ha publicado algún libro como en busca de una voz propia, aún no cumple los veinte y posee esa seguridad en sí mismo que sólo pueden tener los jóvenes, los poetas y los ingenuos. En fin, tiene todas la herramientas necesarias y –si es dable hablar en términos un tanto metafísicos– no carece de cierto genio: ha sido dotado de una sensibilidad extrema y posee una profundidad interior que le brinda una visión perentoria del mundo. Pablo está listo. Siente que su poesía ya ha alcanzado una madurez que le permitirá construir un monumento que surgirá de lo más hondo de sí. Frente a la hoja en blanco comienza a destilar su ser por medio de tinta, porque no es cierto que las grandes obras sean el resultado del mero oficio. Escribir, ya lo ha dicho Zadie Smith, es un oficio que desafía el oficio.1

Adelantémonos un poco. Es 1924 y lo que ha surgido de ese esfuerzo son los Veinte poemas de amor y una canción desesperada, acaso el libro más personal de Pablo Neruda;2 empero no se trata del monumento proyectado, o en todo caso no del monumento completo, la búsqueda de otros caminos de expresión en Residencia en la Tierra puede ser vista como síntoma de ello.3 Esta obra rompe con los cánones de la poesía amorosa, razón por la cual un año antes había sido rechazada su publicación (tildando a los poemas de “impublicables” y “demasiado eróticos”). “Neruda era un poeta en perpetua rebelión contra sí mismo, contra su propia tradición”,4 y los poemas demuestran una escisión con respecto al petrarquismo: no se canta a la mujer idealizada y al amor inalcanzable, sino al cuerpo de mujer –las tres primeras palabras del primer verso del primer poema– en todo su erotismo.5

Hoy en día los Veinte poemas no nos parecen tan disruptores como lo fueron en su tiempo y esto es debido, en buena medida, a la gran influencia que han tenido y a su infiltración tanto en la poesía posterior como en la memoria colectiva. Sin embargo, no debe olvidarse que “Neruda estaba escribiendo contra la tradición, y en eso consistía el encanto de su libro y su desafío para todos los lectores de la época”;6 en un sentido, se trata de una renovación de la poesía.

Después del éxito y el consecuente efluvio de crítica, el propio Neruda siente la necesidad de hablar de su propia obra para arrojar luz sobre ella y, como quien no quiere la cosa, desmentir algún comentario. Así, llega a declarar:

Creo que nunca existí tan alto y tan profundo como en aquellos días. Arriba, el cielo azul impenetrable… Cerca de mí todo lo que existió para siempre en mi poesía, lo que siguió existiendo: ruido de mar lejano, el grito de los pájaros salvajes y el amor ardiente sin consumirse como una zarza inmortal.

Nunca dije una palabra de amor que no fuera sincera, ni habría podido escribir un verso sin verdad.7

II El amor no trasciende

Aquí termina la anécdota. Su propósito no era otro que acercarme de una forma íntima al tema de la intimidad. El Neruda de los Veinte poemas se caracteriza por haber encontrado una voz inconfundiblemente personal que poetiza, no diré el amor, sino el recuerdo y el anhelo de éste, que dice la verdad –o dice decir la verdad– y que nos permite adentrarnos en la intimidad de una pasión. Amado Alonso, describe así el tono del libro: “Es una poesía escapada tumultuosamente de su corazón, romántica por la exacerbación del sentimiento, expresionista por el modo eruptivo de salir, personalísima por la carrera desbocada de la fantasía y por la visión de apocalipsis perpetuo que la informa”[]

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Una respuesta a Nunca existí tan alto como al caer: Neruda y el exitoso arte del fracaso

  1. Feliponcho dice:

    Oye, ¿y por qué Neruda odiaba a Octavio Paz?

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