Adiós a don Samuel

(imagen tomada de reddeutopias.wordpress.com)

Una generación de cristianos comprometidos está desapareciendo. Es la generación de clérigos, religiosos y laicos del Vaticano II; hombres y mujeres que lucharon por la justicia social en este mundo y que entendieron que el ser cristiano es un llamado a estar siempre del lado del pobre y el marginado.

La muerte de Samuel Ruiz es desoladora en un sentido profundo. Nos deja el duelo amargo que sigue a la ausencia del compañero querido y admirado. Nos queda, es cierto, su ejemplo inspirador –los frutos de su esfuerzo por encarnar el cristianismo en modelos culturales diferentes al occidental, su obligación siempre clara y resuelta con el oprimido, sus incansables energías por buscar la paz y el diálogo–. Sin embargo, ese ejemplo se vuelve contra nosotros y la miseria de nuestro presente.

En estos días aciagos el Vaticano II aparece como un feliz sueño que se aleja cada vez más, que alejan cada vez más, que alejamos cada vez más… ¿Dónde están los herederos de la Iglesia latinoamericana de la conferencia de Medellín, de los laicos y religiosos que ofrendaron su vida combatiendo a las dictaduras? ¿Dónde están los obispos que fueron verdaderos pastores y guías de su gente? ¿Quiénes son los Câmara, los Méndez Arceo, los Larráin, los Romero, los Samuel Ruiz de nuestras diócesis? ¿Y los teólogos que se asumen como hijos de Guitiérrez, Boff, Mesters, Sobrino y Ellacuría?

Por todas estas faltas la muerte de Samuel Ruiz se vuelve una denuncia desgarradora de nuestras omisiones. Es cierto que quedan algunos obispos en nuestra tierra –voltéese a Saltillo, donde se construye una vigorosa Iglesia local a la manera de San Cristóbal de las Casas– e incontables hombres y mujeres que día a día trabajan por la justicia y la paz aunque no aparezcan en el ruido de los medios de comunicación. Pero es palpable también que la indolencia y la frivolidad permean a toda la Iglesia, de arriba a abajo. La jerarquía, por lo demás, prefiere derrochar su energía en estériles debates de moral sexual…

Samuel Ruiz hizo lo que le tocaba hacer. Que su muerte nos recuerde que su vida continuará mientras luchemos por lo que él luchó.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. En paz descanse don Samuel Ruiz.

Misa de cuerpo presente en la capilla universitaria (junto al CUC), hoy a las 2:30 pm

 

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