Presentación del Número 3 de NOSTROMO

junio 21, 2010


TIMÓN
Editorial

NUDOS
Coordinación:
Carlos González Herrera y Sara Ortelli

Frontera. Relaciones y fracturas
Carlos González Herrera y Sara Ortelli

La frontera como noción fundadora de un proyecto de estado-nación en Argentina y en Estados Unidos
María Victoria Crespo

Fronteras de la guerra y guerras fronterizas en Hispanoamérica, siglo XVIII
Diego Andrés Ramírez Giraldo

De vándalos, godos y apaches. La frontera y el enemigo en el norte novohispano colonial
Sara Ortelli

El tema del cautiverio en Esteban Echeverría y Mauricio Rugendas
Martha Delfín Guillaumin

Volviendo a erigir fronteras. La ofensiva mediática contra los pueblos originarios de Argentina
Florencia Roulet

La cuenca amazónica: una frontera de larga duración
Juan Sebastián Gómez y Jacques de Novión

La frontera México-Estados Unidos: un poco de historia para el debate actual
Carlos González Herrera

Pasajes fronterizos: Ciudad Juárez, de ciudad preindustrial (tradicional) a la industrialización tardía
Luis Alfonso Herrera Robles

Poblaciones a través de las fronteras: raza, trabajo, migración y soberanía en el mundo contemporáneo
Aviva Chomsky

Buscando grietas. El desafío de la ley internacional de derechos humanos al muro fronterizo Texas-México
Denise Gilman

A nosotros sólo nos está dado destruir la telefísica… Entrevista a Heriberto Yépez
Fernando Hernández González

Fronteras / intersticios / diversidades
Epistemología, colonialidad y frontera
Alejandro De Oto

Frontera y raza
Julio Esteban Vezub

Istmania: fronteras absurdas, fronteras reales, fronteras mortales
Guillermo Fernández Ampié

Fronteras y territorios
Pedro Navarro Floria

Frontera y arte. La estética rascuache
Paulina Sánchez

Vaqueros contra charros: México en la frontera
Juan Carlos Ramírez-Pimienta

La puesta a prueba del dispositivo: fronteras cinematográficas
Diego Zavala Scherer

Fronteras emocionales
Manuel Cuautle

NAVEGACIONES
POLÍTICA
Cuatro hipótesis y un corolario en torno al golpe de estado en Honduras
Kristina Pirker y Omar Núñez

Los hechos del 1º de marzo de 2008 en Sucumbíos, en el contexto de la internacionalización del conflicto interno colombiano
Sandra Cendejas Grimaldo

Lo viejo y lo nuevo: revuelto y entreverado. Breves notas e interrogantes sobre Bolivia en el 2010
María Laura Ise

Tensiones de un matrimonio de conveniencia: El gobierno de Mauricio Funes y el FMLN en El Salvador
Kristina Pirker

Empobrecimiento del discurso educativo
Florencia Addiechi

LETRAS
Del texto a la imagen: lugares de la verdad en la historieta. Una lectura de Alack Sinner, de José Muñoz y Carlos Sampayo
Federico Reggiani

El campo de la producción, edición y distribución de historietas realistas en Argentina entre 2003 y 2009
Pablo Iván Lomsacov

El caso Mafalda, como experiencia de los límites
Lucas Berone

El eternauta: las relaciones entre conocimiento y poder en las partes primera y segunda de la historia
Sebastián Gago

Desde Amos Oz hasta mi abuela: Apuntes para una teoría de los desvíos literarios
Liliana Lara

CUADERNO DE BITÁCORA
Apuntes de una Habana en extinción
Edgardo Dieleke

Comprendiendo a Cuba
Arantxa Tirado Sánchez

Instantáneas personales desde Cuba
Édgar Adrián Mora

Delincuencia y contrarrevolución
Ismael Hernández Lujano

Foto de papel
Ira Franco

Postales
Rubén Don

Salvador
Carlos Dzul

CULTURA
La Literatura Bolaño en Norteamérica
Tyler C. Stypinski

En la senda de una cultura argentina heterodoxa: Zafra (1966), de los Hermanos Núñez y Ariel Petroccelli
Fabiola Orquera

Arte y Frontera: Las fronteras del arte. Conversación con Mariana Botey
Inti Meza Villarino

La línea de Pavka Segura, una víscera que pulsa
Abigail Pasillas

El cine y las fronteras en México
A.D. Wolf K.

Mercado de pulgas
Inti Meza Villarino

Efemérides, noticias y convocatorias

SOTAVENTO
El inmenso programa. La aventura editorial en el estudio de América Latina
Adolfo Becerril

La marcha hacia el Oeste, de Cassiano Ricardo
Luís Cláudio Rocha Henriques de Moura

La Unión Latino Americana y el Boletín Renovación. Redes intelectuales y
revistas culturales en la década de 1920, de Alexandra Pita González
Leandro Sessa

La Argentina como desilusión. Contribución a la historia de la idea del fracaso argentino (1890-1955), de Andrés Kozel
Guillermo Fernández Ampié

Montoneros, El mito de sus doce fundadores, de Lucas Lanusse
Laura Palma

A medio morir cantando. Rastrojos de la memoria chilena 1978- 1998, de David Benavente
Nicolás Angelcos Gutiérrez

BARLOVENTO
El nacionalismo cultural de Saúl Taborda
Mina Alejandra Navarro

Contribuciones para esclarecer la polémica Kozel-Hernández
Gerónimo Olvera Sinsalida

De la serena dignidad. Homenaje a un librero de Córdoba: Bernardo Nagelkop. In memoriam
Santiago Funes

Conrad-Gide: Nostromo en una carta
Presentación y traducción de Adolfo Becerril y Analhi Aguirre


Adiós Carlos y José

junio 19, 2010

No habíamos aún sopesado la partida de uno cuando se nos fue el otro. Con ellos dos son cuatro los que se van en estas semanas. Nos harán falta.

¿Qué podemos hacer? Me pregunto ingenuamente.
Me respondo igual.

Leerlos.


Homenaje a Bolívar Echeverría

junio 7, 2010


Martes 8 de junio, 18:30 horas
Foro de la Librería Siglo XXI Editores
Cerro del Agua 248, Copilco

Participan
José María Pérez Gay
Julio Boltvinik
Federico Álvarez
Stefan Gandler
Luis Arizmendi
José Luis Balcárcel

Modera
Jaime Labastida


Adiós a Bolívar Echeverría

junio 5, 2010

Latinoamericanos lamenta la temprana pérdida de uno de los más originales filósofos y pensadores de Latinoamérica y de la UNAM, Bolívar Echeverría (Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2006).

El filósofo nos habría dejado esta mañana, o al menos así lo afirma la publicación Ecuador Inmediato, en una nota titulada “Fallece en México reconocido pensador ecuatoriano Bolívar Echeverría“, de la que nos enteramos a través de la lista de información del posgrado de Estudios Latinoamericanos.

El profesor deja tras de sí una impresionante obra de gran novedad conceptual, que refrescó e impulsó al pensamiento crítico latinoamericano en una relectura de su propia historia, formación y producción artística, cultural e intelectual. Pueden consultarse algunas de sus obras en http://www.bolivare.unam.mx/

(Ver nota en La Jornada)

Martes 8 de junio, homenaje al filósofo


II Encuentro de Estudios Afroamericanos

abril 24, 2010

El Colectivo Mackandal de Estudios Afroamericanos

invitan a su

II Encuentro de Estudios Afroamericanos

lugar y fecha:

28 y 29 de abril de 2010

Salas A y B de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.

Para mayores informes:

www.colectivomackandal.tk

colectivo.mackandal@gmail.com


Mesa redonda: Diálogos por Chile

abril 20, 2010

El reciente triunfo electoral de la derecha ha llevado a la presidencia de Chile a un próspero empresario de los medios que sustituye a una mandataria proveniente de la concertación. Sin embargo, el desplazamiento en la política ha venido acompañado del de la placa tectónica de Nazca.

A finales de febrero, un terremoto golpeó con gran fuerza el sur del país, provocando además un tsunami que barrió las ciudades costeras, dejó cientos de muertos y miles de damnificados.

En medio del caos, el ejército ha sido llamado a salir a las calles para vigilar “la ley y el orden”, apelando a medidas de excepcionalidad que recuerdan otros tiempos.

Bajo este contexto, las urgencias del presente y los ecos del pasado nos convocan al diálogo.

Es la comprensión de ese pasado, que a pesar de los esfuerzos institucionales no termina por marcharse, el que nos motiva a cuestionarnos sobre lo que pasa hoy. Para lograr el entendimiento de la historia reciente de Chile instamos a tender un puente entre la experiencia personal y la distancia crítica. Para entender el presente a la sombra del pasado de este país, recurrimos a quien puede verlo como un nacional y a la vez como extranjero.

Vislumbrar una respuesta a las interrogantes de hoy y ayer, a través de un diálogo con quienes, como actores directos han construido esta historia y también la han padecido, es el objetivo de este proyecto. Presentamos a ustedes la invitación a ser parte fundamental de este debate. Proponemos la realización de una mesa de diálogo en que puedan compartir su testimonio y análisis, haciendo un vaivén entre el pasado y el presente.

Participan Rossana Cassigoli (FCPyS-UNAM), Sonia Daza (ex-directora de la Casa de Chile en México), Ivonne Szazs (COLMEX) y Mariana Rodríguez (FFyL-UNAM).

Convocan:

Centro de Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

Seminario Permanente “Ética y política. El hemisferio sur y otros contextos culturales”


Nunca Más. Informe CONADEP

marzo 25, 2010

Prólogo

Nunca Más – Informe de la Conadep – Septiembre de 1984

Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países. Así aconteció en Italia, que durante largos años debió sufrir la despiadada acción de las formaciones fascistas, de las Brigadas Rojas y de grupos similares. Pero esa nación no abandonó en ningún momento los principios del derecho para combatirlo, y lo hizo con absoluta eficacia, mediante los tribunales ordinarios, ofreciendo a los acusados todas las garantías de la defensa en juicio; y en ocasión del secuestro de Aldo Moro, cuando un miembro de los servicios de seguridad le propuso al General Della Chiesa torturar a un detenido que parecía saber mucho, le respondió con palabras memorables: «Italia puede permitirse perder a Aldo Moro. No, en cambio, implantar la tortura».

No fue de esta manera en nuestro país: a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos.

Nuestra Comisión no fue instituída para juzgar, pues para eso estan los jueces constitucionales, sino para indagar la suerte de los desaparecidos en el curso de estos años aciagos de la vida nacional. Pero, después de haber recibido varios miles de declaraciones y testimonios, de haber verificado o determinado la existencia de cientos de lugares clandestinos de detención y de acumular más de cincuenta mil páginas documentales, tenemos la certidumbre de que la dictadura militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje. Y, si bien debemos esperar de la justicia la palabra definitiva, no podemos callar ante lo que hemos oído, leído y registrado; todo lo cual va mucho más allá de lo que pueda considerarse como delictivo para alcanzar la tenebrosa categoría de los crímenes de lesa humanidad. Con la técnica de la desaparición y sus consecuencias, todos los principios éticos que las grandes religiones y las más elevadas filosofías erigieron a lo largo de milenios de sufrimientos y calamidades fueron pisoteados y bárbaramente desconocidos.

Son muchísimos los pronunciamientos sobre los sagrados derechos de la persona a través de la historia y, en nuestro tiempo, desde los que consagró la Revolución Francesa hasta los estipulados en las Cartas Universales de Derechos Humanos y en las grandes encíclicas de este siglo. Todas las naciones civilizadas, incluyendo la nuestra propia, estatuyeron en sus constituciones garantías que jamás pueden suspenderse, ni aun en los más catastróficos estados de emergencia: el derecho a la vida, el derecho a la integridad personal, el derecho a proceso; el derecho a no sufrir condiciones inhumanas de detención, negación de la justicia o ejecución sumaria.

De la enorme documentación recogida por nosotros se infiere que los derechos humanos fueron violados en forma orgánica y estatal por la represión de las Fuerzas Armadas. Y no violados de manera esporádica sino sistemática, de manera siempre la misma, con similares secuestros e idénticos tormentos en toda la extensión del territorio. ¿Cómo no atribuirlo a una metodología del terror planificada por los altos mandos? ¿Cómo podrían haber sido cometidos por perversos que actuaban por su sola cuenta bajo un régimen rigurosamente militar, con todos los poderes y medios de información que esto supone? ¿Cómo puede hablarse de «excesos individuales»? De nuestra información surge que esta tecnología del infierno fue llevada a cabo por sádicos pero regimentados ejecutores. Si nuestras inferencias no bastaran, ahí están las palabras de despedida pronunciadas en la Junta Interamericana de Defensa por el jefe de la delegación argentina, General Santiago Omar Riveros, el 24 de enero de 1980: «Hicimos la guerra con la doctrina en la mano, con las órdenes escritas de los Comandos Superiores» . Así, cuando ante el clamor universal por los horrores perpetrados, miembros de la Junta Militar deploraban los «excesos de la represión, inevitables en una guerra sucia» , revelaban una hipócrita tentativa de descargar sobre subalternos independientes los espantos planificados.

Los operativos de secuestro manifestaban la precisa organización, a veces en los lugares de trabajo de los señalados, otras en plena calle y a la luz del día, mediante procedimientos ostensibles de las fuerzas de seguridad que ordenaban «zona libre» a las comisarías correspondientes. Cuando la víctima era buscada de noche en su propia casa, comandos armados rodeaban la manzanas y entraban por la fuerza, aterrorizaban a padres y niños, a menudo amordazándolos y obligándolos a presenciar los hechos, se apoderaban de la persona buscada, la golpeaban brutalmente, la encapuchaban y finalmente la arrastraban a los autos o camiones, mientras el resto de comando casi siempre destruía o robaba lo que era transportable. De ahí se partía hacia el antro en cuya puerta podía haber inscriptas las mismas palabras que Dante leyó en los portales del infierno: «Abandonad toda esperanza, los que entrais».

De este modo, en nombre de la seguridad nacional, miles y miles de seres humanos, generalmente jóvenes y hasta adolescentes, pasaron a integrar una categoría tétrica y fantasmal: la de los Desaparecidos. Palabra – ¡triste privilegio argentino! – que hoy se escribe en castellano en toda la prensa del mundo.

Arrebatados por la fuerza, dejaron de tener presencia civil. ¿Quiénes exactamente los habían secuestrado? ¿Por qué? ¿Dónde estaban? No se tenía respuesta precisa a estos interrogantes: las autoridades no habían oído hablar de ellos, las cárceles no los tenían en sus ¦ldas, la justicia los desconocía y los habeas corpus sólo tenían por contestación el silencio. En torno de ellos crecía un ominoso silencio. Nunca un secuestrador arrestado, jamás un lugar de detención clandestino individualizado, nunca la noticia de una sanción a los culpables de los delitos. Así transcurrían días, semanas, meses, años de incertidumbres y dolor de padres, madres e hijos, todos pendientes de rumores, debatiéndose entre desesperadas expectativas, de gestiones innumerables e inutiles, de ruegos a influyentes, a oficiales de alguna fuerza armada que alguien les recomendaba, a obispos y capellanes, a comisarios. La respuesta era siempre negativa.

En cuanto a la sociedad, iba arraigándose la idea de la desprotección, el oscuro temor de que cualquiera, por inocente que fuese, pudiese caer en aquella infinita caza de brujas, apoderándose de unos el miedo sobrecogedor y de otros una tendencia consciente o inconsciente a justificar el horror: «Por algo será», se murmuraba en voz baja, como queriendo así propiciar a los terribles e inescrutables dioses, mirando como apestados a los hijos o padres del desaparecido. Sentimientos sin embargo vacilantes, porque se sabía de tantos que habían sido tragados por aquel abismo sin fondo sin ser culpable de nada; porque la lucha contra los «subversivos», con la tendencia que tiene toda caza de brujas o de endemoniados, se había convertido en una represión demencialmente generalizada, porque el epiteto de subversivo tenía un alcance tan vasto como imprevisible. En el delirio semántico, encabezado por calificaciones como «marxismo-leninismo», «apátridas» , «materialistas y ateos» , «enemigos de los valores occidentales y cristianos» , todo era posible: desde gente que propiciaba una revolución social hasta adolescentes sensibles que iban a villas-miseria para ayudar a sus moradores. Todos caían en la redada: dirigentes sindicales que luchaban por una simple mejora de salarios, muchachos que habían sido miembros de un centro estudiantil, periodistas que no eran adictos a la dictadura, psicólogos y sociólogos por pertenecer a profesiones sospechosas, jóvenes pacifistas, monjas y sacerdotes que habían llevado las enseñanzas de Cristo a barriadas miserables. Y amigos de cualquiera de ellos, y amigos de esosamigos, gente que había sido denunciada por venganza personal y por secuestrados bajo tortura. Todos, en su mayoría inocentes de terrorismo o siquiera de pertenecer a los cuadros combatientes de la guerrilla, porque éstos presentaban batalla y morían en el enfrentamiento o se suicidaban antes de entregarse, y pocos llegaban vivos a manos de los represores.

Desde el momento del secuestro, la víctima perdía todos los derechos; privada de toda comunicación con el mundo exterior, confinada en lugares desconocidos, sometida a suplicios infernales, ignorante de su destino mediato o inmediato, susceptible de ser arrojada al río o al mar, con bloques de cemento en sus pies, o reducida a cenizas; seres que sin embargo no eran cosas, sino que conservaban atributos de la criatura humana: la sensibilidad para el tormento, la memoria de su madre o de su hijo o de su mujer, la infinita verguenza por la violación en público; seres no sólo poseídos por esa infinita angustia y ese supremo pavor, sino, y quizás por eso mismo, guardando en algún rincón de su alma alguna descabellada esperanza.

De estos desamparados, muchos de ellos apenas adolescentes, de estos abandonados por el mundo hemos podido constatar cerca de nueve mil. Pero tenemos todas las razones para suponer una cifra más alta, porque muchas familias vacilaron en denunciar los secuestros por temor a represalias. Y aun vacilan, por temor a un resurgimiento de estas fuerzas del mal.

Con tristeza, con dolor hemos cumplido la misión que nos encomendó en su momento el Presidente Constitucional de la República. Esa labor fue muy ardua, porque debimos recomponer un tenebrosos rompecabezas, después de muchos años de producidos los hechos, cuando se han borrado liberadamente todos los rastros, se ha quemado toda documentación y hasta se han demolido edificios. Hemos tenido que basarnos, pues, en las denuncias de los familiares, en las declaraciones de aquellos que pudieron salir del infierno y aun en los testimonios de represores que por oscuras motivaciones se acercaron a nosotros para decir lo que sabían.

En el curso de nuestras indagaciones fuimos insultados y amenazados por los que cometieron los crímenes, quienes lejos de arrepentirse, vuelven a repetir las consabidas razones de «la guerra sucia» , de la salvación de la patria y de sus valores occidentales y cristianos, valores que precisamente fueron arrastrados por ellos entre los muros sangrientos de los antros de represión. Y nos acusan de no propiciar la reconciliación nacional, de activar los odios y resentimientos, de impedir el olvido. Pero no es así: no estamos movidos por el resentimiento ni por el espíritu de venganza; sólo pedimos la verdad y la justicia, tal como por otra parte las han pedido las iglesias de distintas confesiones, entendiendo que no podrá haber reconciliación sino después del arrepentimiento de los culpables y de una justicia que se fundamente en la verdad. Porque, si no, debería echarse por tierra la trascendente misión que el poder judicial tiene en toda comunidad civilizada. Verdad y justicia, por otra parte, que permitirán vivir con honor a los hombres de las fuerzas armadas que son inocentes y que, de no procederse así, correrían el riesgo de ser ensuciados por una incriminación global e injusta. Verdad y justicia que permitirán a esas fuerzas considerarse como auténticas herederas de aquellos ejércitos que, con tanta heroicidad como pobreza, llevaron la libertad a medio continente.

Se nos ha acusado, en fin, de denunciar sólo una parte de los hechos sangrientos que sufrió nuestra nación en los últimos tiempos, silenciando los que cometió el terrorismo que precedió a marzo de 1976, y hasta, de alguna manera, hacer de ellos una tortuosa exaltación. Por el contrario, nuestra Comisión ha repudiado siempre aquel terror, y lo repetimos una vez más en estas mismas páginas. Nuestra misión no era la de investigar sus crimenes sino estrictamente la suerte corrida por los desaparecidos, cualesquiera que fueran, proviniesen de uno o de otro lado de la violencia. Los familiares de las víctimas del terrorismo anterior no lo hicieron, seguramente, porque ese terror produjo muertes, no desaparecidos. Por lo demás el pueblo argentino ha podido escuchar y ver cantidad de programas televisivos, y leer infinidad de artículos en diarios y revistas, además de un libro entero publicado por el gobierno militar, que enumeraron, describieron y condenaron minuciosamente los hechos de aquel terrorismo.

Las grandes calamidades son siempre aleccionadoras, y sin duda el más terrible drama que en toda su historia sufrió la Nación durante el periodo que duró la dictadura militar iniciada en marzo de 1976 servirá para hacernos comprender que únicamente la democracia es capaz de preservar a un pueblo de semejante horror, que sólo ella puede mantener y salvar los sagrados y esenciales derechos de la criatura humana. Unicamente así podremos estar seguros de que NUNCA MÁS en nuestra patria se repetirán hechos que nos han hecho trágicamente famosos en el mundo civilizado.

Para consultar el informe completo

http://www.nuncamas.org

http://www.desaparecidos.org