Entre la historia y la memoria

marzo 14, 2008

La profesora Ana Carolina Ibarra nos comparte el artículo “Entre la historia y la memoria. Memoria colectiva, identidad y experiencia: Discusiones recientes”, la última lectura antes del examen intermedio de Historia de América Latina en el siglo XIX.

[Si alguien se avienta a hacer una breve reseña, quedaría muy bien en este espacio]

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Ana Carolina Ibarra, “Entre la historia y la memoria. Memoria colectiva, identidad y experiencia: Discusiones recientes” en Maya Aguiluz Ibarguen y Gilda Waldman M.(coords) Memorias (in) cógnitas: contiendas en la historia, México, UNAM/Centro de Investigaciones Intredisciplinarias en Ciencias y Humanidades, 2007 (Colección Debate y Reflexión)

Lecturas complementarias:
– Eric Hobsbawm, El nacionalismo en las postrimerías del siglo XX
Ana Carolina Ibarra, Las fronteras en América Latina al concluir la lucha por la independencia

El ritmo, la música y el lenguaje popular en Nicolás Guillén

octubre 22, 2007

por: Magdalena Jiménez Romero

Diré finalmente que estos son unos versos mulatos.
Participan acaso de los mismos elementos
que entran en la composición étnica de Cuba,
donde todos somos un poco níspero.

Nicolás Guillén


Introducción

La poesía de Nicolás Guillén ha sido denominada o calificada de numerosas formas. La más común es la de “poesía negra”, aunque es cada vez menos aceptada por limitarla a uno sólo de los tan variados aspectos que trata. Otra es “poesía afrocubana” o “afrocaribeña”. Sin embargo, el propio Guillén, en su prólogo a Sóngoro Cosongo, denomina su obra como “poesía mulata”, dándole el sentido universal necesario para conciliar la diferenciación de razas que tanto ha hecho sufrir a su pueblo. Para entender lo mulato en tal sentido, sería necesario acudir a la palabra “transculturación”, neologismo creado por Fernando Ortiz para integrar a todas y cada una de las culturas que conforman el núcleo mestizo en Cuba. Esto es lo que tomará Guillén para darle forma a su obra: la cultura popular cubana, producto de un mestizaje múltiple en el que participaron principalmente la cultura española y la africana con todas sus variantes. Ambas se movían dentro de un contexto común al resto de las Antillas: la plantación, lugar donde encuentran las músicas y danzas populares su espacio de gestación a partir de todos sus elementos, pero con preponderancia africana. El son es una de esas músicas, pues se combinan la melodía, los metros y los instrumentos musicales con la tradición del canto y la rítmica africanos.
La importancia que tiene el son para Guillén es que en él se encarna la popularidad en todas sus facetas, tanto en lo rítmico y musical como en la oralidad, convirtiéndose en los principales recursos estilísticos de su obra, y haciendo de ello un instrumento para expresar su inconformidad hacia la situación social, racial y económica de Cuba, mediante un nacionalismo integrador.
Aunque la crítica siempre ha preferido enfocarse al aspecto social de la obra de Guillén, a partir de los años setenta comienzan a aparecer más textos que nos hablan del aspecto musical, rítmico y lingüístico de sus poemas. Aunque no todos ellos han sido para mí totalmente accesibles, he querido de cualquier modo examinar la estética innovadora y vanguardista del poema-son guilleniano desde esa óptica, pues la música y el lenguaje, con todas sus variantes dialectales, son las formas más explicitas de entender lo popular en la obra de Guillén, y la esencia cultural de lo que Cintio Vitier llama “lo cubano”, entendido éste como el mestizaje multifacético entre lo africano y lo español, más allá de tratar de enfocarse solamente en la esencia negra.
Para destacar estos dos aspectos estéticos (el ritmo musical y le lenguaje popular) he querido basarme principalmente en Motivos de Son (1930) y Sóngoro Cosongo (1931), recurriendo asimismo a otros poemas para ejemplificar algunos puntos.

El ritmo del son en Guillén

Como ya hemos mencionado, el son es música mulata por contener elementos hispano-africanos en su composición, pero por mucho tiempo las clases sociales altas la rechazaron por estar íntimamente vinculado a la raza negra y la pobreza económica en que vivía. Poco a poco, por diferentes factores socioculturales, lo “afrocubano se hace cubano”, y tanto la literatura como la música culta se ven impregnadas de lo que antes era violentamente relegado.
Existe un poema anónimo del siglo XIX llamado “Son”, cuya estructura poética es la misma que usa Guillén en sus Motivos de son, así como la fonética y el lenguaje popular: «Mulata colorá/ aprende d’esa negrita/ que se planchó la pasita, / se cortó la melenita, / y tiene la bemba rosa». Los primeros poemas de la corriente negrista escritos por cubanos aparecen en 1928 con José Z. Tallet, Ramón Guirao y Emilio Ballagas, entre muchos otros, pero ven al negro “desde afuera” , como poetas blancos, a diferencia de Guillén, que lo plasma desde su sentir mulato. Su innovación es crear, por un lado, un orgullo de raza en el negro, reivindicando su lugar en la cultura cubana, y por otro, elevar el son a estrofa poética. Mi análisis abarcará esta última, principalmente en su estructura formal, pero sin descartar algunas observaciones en cuanto a su contenido.

Guillén descubre que dentro de la estructura y el espíritu del son existen posibilidades poéticas antes no exploradas. Extrae el “montuno” del son popular (generalmente interpretado por sextetos típicos en cuba), es decir, el estribillo rítmico en forma de comentario malicioso y burlón, y “ese sentido de final que todo se resuelve en risa y baile” […]

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La palabra nahuatl

septiembre 19, 2007

por Tesiu R. Xelhuantzi

I.

Náhuatl es un término utilizado en la actualidad por historiadores, antropólogos y lingüistas, para referirse a la lengua que utilizaron los aztecas, y que según los censos oficiales, actualmente hablan alrededor de un millón y medio de personas en la zona central de México.

Sin embargo los frailes españoles que estudiaron esta lengua durante los tres siglos de Colonia en México, la registraron con el nombre de “mexicano”. Tal es el caso del estudio elaborado por Fray Alonso de Molina en 1571: Vocabulario en lengua mexicana y castellana. Fue hasta después de la Independencia de México cuando se comenzó a utilizar más el término náhuatl para nombrar a la lengua. Tal es el caso de Rémi Siméon que en 1885 publicó su Diccionario de la lengua náhuatl o mexicana.

Mexicano y náhuatl se utilizaron como sinónimo, pero en realidad no lo son. El primer término viene del gentilicio, es decir que se trata de la lengua que proviene del pueblo y de la cultura de los mexicanos. En cambio náhuatl es un adjetivo. En su diccionario, Molina lo tradujo como “cosa que suena bien, así como campana”. El problema de su traducción es que “sonar bien” parece que dice que suena bonito, pero más bien quiere decir que suena fuerte. Náhuatl viene a su vez del verbo nahuati: hablar alto. Pero para los antiguos mexicanos, eso significaba mandar. Si uno dice nimitsnauati, literalmente dice yo te hablo alto, pero significa yo te ordeno. Aunque antes de la llegada de los españoles ya existía el término náhuatl, no se utilizaba porque planteaba una relación de mando. En cambio se utilizó ampliamente el término tlahtolli, que quiere decir palabra, hablar.

Aunque nahuati y tlahtolli quieren decir hablar, son antagónicos entre sí. Desglosemos un poco. Tlanahuatiani quiere decir el que habla (alto), pero significa mandón. En cambio tlahtoani, que también dice el que habla, significa gobernante. El significado de mandón y gobernante nos dice que son diferentes, pero aún no es suficiente. La respuesta lingüística para nauati (hablar alto=mandar) es ninotlatequilia (yo trabajo para alguien). La respuesta para tlahtoa (hablar=gobernar) es nimitzcaqui (yo te escucho, entiendo). Aquí encontramos una diferencia abismal entre obedecer y entender. Náhuatl implica una relación de subordinación. Tlahtoa es una relación de consenso que genera gobierno. Los antiguos mexicanos tenían al tlahtoani como gobernante, y no a un tlanahuatiani como mandón. Por eso la lengua y cultura mexicana está asociada con la palabra consensuada tlahtolli, y desvinculada con la palabra mandada náhuatl. Pero los frailes españoles no fueron capaces de percibir esta enorme diferencia, o tal vez sí lo consiguieron y de manera maquiavélica se cambió el nombre de la lengua mexicana por náhuatl.

El cambio de nombre no fue casual. Se envuelve en el contexto de consolidación de los Estados nacionales en el continente americano durante el siglo XIX. Las lenguas y culturas previas al Estado-nación fueron unificadas bajo la cultura dominante. Por ejemplo, España se unificó bajo la lengua castellana, pero también bajo el mando del reino de Castilla. Cuando se conformó en Estado, España convirtió al castellano en lengua oficial nacional, y ahora se le conoce como español, muy a pesar de otras lenguas como el vasco o el catalán.

El caso del mexicano fue al revés. Se tomó a la lengua mexicana para nombrar al nuevo país: México. Pero esta lengua no se convirtió en lengua nacional oficial del Estado Mexicano. En cambio, el español se convirtió en la lengua oficial, muy a pesar del centenar de lenguas existentes. Lo contradictorio fue que en México no se reconoció al mexicano, es decir a la lengua mexicana. En su lugar, se reconoció al mexicano como un ciudadano de nacionalidad mexicana. La cultura y lengua mexicana se volvieron ajenas a la nacionalidad mexicana. Estamos hablando de una apropiación del término mexicano por parte del Estado.

Fue entonces que se retomó el término náhuatl para diferenciar a la lengua mexicana con la nacionalidad mexicana. Con la consolidación de las instituciones mexicanas (nacionales) en el siglo XX, las disciplinas de las ciencias sociales comenzaron a trabajar para el Estado mexicano. Intelectuales comprendidos desde José Vasconcelos hasta Manuel Gamio, desarrollaron un sustento teórico sobre la identidad nacional que en su momento tomaría la forma del indigenismo de Estado. En este sentido, la sociología, la antropología, la historia y la lingüística retomaron el nombre de náhuatl para referirse a la lengua y cultura, y nombraron mexicana a la identidad nacional que el Estado mexicano había construido artificialmente.

II.

Ahora veamos otra mirada distinta a la institucional, la de los hablantes de la lengua. En las comunidades se sabe que el gobierno utiliza el término “indígena náhuatl”. Por eso cuando alguien de la comunidad habla con un foráneo, se refiere a la lengua como náhuatl. Pero entre nosotros le decimos a nuestra lengua mexicano, mexikatlajtol (lengua mexicana), o masewatlajtol (lengua masewal). Aunque masewal fue el término para designar a la clase social más baja durante tiempos prehispánicos, en la actualidad se utiliza esta palabra para identificar al que pertenece al pueblo náhuatl, como lo muestra la siguiente frase:

Tejuan timasewalmej.

La traducción en lengua castellana sería: somos nahuas. Sin embargo, la frase perdió su sentido en la traducción debido a que la lógica del español no contempla el contenido cultural que la lengua náhuatl manifiesta. Veamos con más detalle.

i) Tejuan: es el pronombre personal de la primera persona en plural, es decir nosotros. Pero no es el nosotros que estamos acostumbrados a entender en español. Este nosotros se compone de tej-, que es el pronombre personal de la segunda persona en singular (), más el sufijo –uan, una de las formas de pluralizar. Entonces, tenemos que tejuan (nosotros) literalmente dice tú-s, es decir muchos tú. Esto nos muestra que:

  • El término tejuan plantea un diálogo entre dos sujetos. Un yo (S1)[1] implícito, y un (S2) explícito.
  • Pero el se pluraliza en muchos . En esta parte del proceso, el yo se difumina, y sólo quedan los tú-s, para conformar el nosotros (N)[2].
  • Esto rompe la lógica occidental de yo + = nosotros.
  • En náhuatl se plantea la relación + + …= nosotros.
  • Por lo tanto N ≠ N. El nosotros planteado en español no es el nosotros concebido en náhuatl.

Así entonces, tejuan es un nosotros distinto al nosotros occidental. El yo se pierde en el proceso, pero antes interpela al para conformar una comunidad: el nosotros.

ii) ti_j: es el prefijo personal de sujeto de la primera persona en plural, y también se traduce como nosotros. Lo peculiar de este prefijo es que sólo existe en las primeras y segundas personas, pero no en las terceras. Sullivan especifica que este tipo de prefijos “se componen con el verbo y designan a la persona o cosa que está en relación directa con él” (Sullivan, 1976: 52). Esto es, que el prefijo está haciendo énfasis en la relación con un sujeto o con la vivencia. Pongamos unos ejemplos para entender mejor:

tikochi: duermes.

Se compone de ti[3] (tú) + kochi (dormir) = tú duermes. Podemos darnos cuenta que en español la palabra duermes ya incluye implícitamente al sujeto . En cambio en náhuatl tiene que hacerse explícito el sujeto, de otra manera no se entiende, puesto que está describiendo una relación entre el sujeto y la vivencia, es decir entre el y el dormir. Por eso se incluyen ambos elementos en la misma palabra.

Además, cuando se trata del plural de la primera persona, es decir del nosotros, el se pluraliza con una marca al final de la palabra: j. En este caso, quedaría así:

Tikochij: nosotros dormimos.

Ti se pluraliza con la j del final de la palabra y constituyen una unidad, aunque parezca que están separados por el verbo kochi (dormir). De esta manera, el se pluraliza en tú-s, para convertirse en nosotros, y conformar una comunidad engarzada por la vivencia del dormir.
Tenemos la misma lógica que tejuan hace en torno a la pluralización del , pero además ti_j nos muestra que:

· Se hace énfasis en una relación, que al tratarse de sujetos se convierte en un diálogo.

· Este diálogo entre sujetos es articulado por una vivencia, que en conjunto conforman la comunidad del nosotros.

Así pues, podemos decir que ti_j nos muestra elementos de un diálogo intersubjetivo vivencial, a diferencia de la lógica occidental como la del castellano, en donde se convierte al nosotros en un ser pasivo, y privilegia la relación sujeto–objeto que coloca al yo en un altar egocéntrico.

iii) masewa: es el verbo merecer. Con el sufijo primario del sustantivo li, el verbo se convierte en sustantivo, y entonces masewal dice literalmente el que merece. Si le agregamos el sufijo del plural –mej, entonces masewalmej se entiende como los merecedores. La concepción de merecer es tan importante para la cosmovisión náhuatl, que utiliza el término para describirse a sí misma. Por eso son necesarias unas palabras más para intentar comprender el término. Cuando a uno le invitan a comer, se dice ximasewa (¡merece!). Los signos de exclamación no tienen el sentido de una orden como puede interpretarse en español, sino como una exhortación, y al mismo tiempo una interpelación. Merecer la comida implica habérsela ganado con el trabajo y respeto. Lo mismo pasa en la concepción del hombre y la vida, hay que ganársela con trabajo y respeto a los demás hombres. El término masewal no es una capacidad de hablar náhuatl o haber nacido en una familia náhuatl, tal como plantea la definición oficial de “indígena” como aquél que habla una lengua “indígena”. En cambio, masewal es una actitud ética. El que merece, es el que se merece/respeta a sí mismo y a los demás como hombres y no como cosas, como sujetos y no como objetos.

De esta manera, la oración tejuan timasewalmej que se traduce como somos nahuas, tiene un sentido distorsionado. Una traducción nunca podrá ser idéntica entre una lengua y otra, sobre todo cuando se trata de lenguas/cosmovisiones lejanas entre sí como lo son las lenguas latinas y las lenguas yutoaztecas. La oración expresada en español somos nahuas, es restrictiva a los que hablan náhuatl. Pero se trata de una restricción que impone la lógica del español debido al carácter hermético y cerrado que tiene el nosotros desde la perspectiva occidental.

En cambio, el nosotros desde la perspectiva náhuatl no es restrictivo, sino inclusivo. Se abre al diálogo con todos aquellos que quieran pertenecer a la comunidad, por eso hace énfasis en la relación entre sujetos. Finalmente, desde la perspectiva lingüística náhuatl, no se utiliza el término náhuatl, pero tampoco mexicano. La comunidad no plantea un término, sino una actitud ética. De esta manera, la oración se entendería así:

Tejuan timasewalmej = Nosotros somos los que tenemos la actitud ética de merecernos y dialogar para conformar la comunidad del nosotros.


[1] S = sujeto.
[2] N= nosotros.
[3] Prefijo personal de sujeto de la segunda persona en singular.

Tesiu N. Xelhuantzin
La palabra nahuatl
Literatura memoria e imaginación a través de la oralidad y la escritura
México, CIALC, UNAM
18 de septiembre de 2007


La revolución de independencia

septiembre 16, 2007

En el mes de mayo de 2007 se llevaron a cabo las IV Jornadas de Estudios Latinoamericanos. Las 3 primeras mesas estuvieron dedicadas a Las Revoluciones en América Latina. Aquí presentamos la primera de ellas, titulada “La era de la independencia”, moderada por Alfredo Ávila (IIH, CELA-FFyL, UNAM).

Enrique Semo, Johanna Von Grafenstein, Alfredo Ávila, Ana Carolina Ibarra y Jorge Ruedas

En la primera intervención, la doctora Ana Carolina Ibarra González (IIH, CELA) revisa los distintos conceptos para la palabra “independencia” en la América Latina que rompía con la península ibérica. Johanna Von Grafenstein (IJLM, CELA) nos ofrece una entretenida y acertada síntesis de los procesos de emancipación de la isla de La Española – Saint Domingue (Haití y República Dominicana), singular e interesante caso entre nuestras revoluciones de independencia. Enrique Semo (Facultad de Economía UNAM) propone una visión longue durée del ciclo de las revoluciones mexicanas (Semo incluye la Reforma como un especial caso de revolución intermedia), señalando la mutua influencia de los procesos internacionales y los mexicanos. Por último, Jorge Ruedas de la Serna (CELA), analiza la participación crítica de Carlos María de Bustamante en la temprana historiografía del siglo XIX mexicano.

Da clic en la ponencia correspondiente para bajar el audio en mp3:
1 – Ana Carolina Ibarra González – “El concepto de independencia en la crisis del orden colonial”
2 – Johanna Von Grafenstein – “Haití: del autonomismo criollo a la revolución anticolonialista y antiesclavista”
3 – Enrique Semo – “El ciclo de las revoluciones mexicanas”
4 – Jorge Ruedas de la Serna – “Carlos María de Bustamante: Un forjador”

Ibarra, Grafenstein, Semo, Ruedas
La era de la independencia
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
México, 16 de mayo de 2007


El sentido histórico en Borges

agosto 29, 2007

El seminario internacional “Historia y literatura. Viejos y nuevos problemas”, de la Cátedra Joao Guimaraes Rosa inició ayer con una conferencia de lujo:


David Arrigucci

Después de las palabras inaugurales, Valquiria Wey presentó al investigador David Arrigucci Jr. (Universidad de Sao Paulo), quien analiza a Borges desde la relación de la forma literaria con la experiencia histórica. Arrigucci ha estado trabajando en un proyecto en el que las obras de Borges, Guimaraes Rosa y el cineasta John Ford encuentran una relación por medio de la pampa, el sertão y el oeste norteamericano, respectivamente. En esta ocasión, el profesor de literatura comparada dedica la conferencia a Borges y su relación con la historia. Especial mención merece la disección que hace el conferencista del breve cuento “El cautivo” (El hacedor, 1960) en diversas facetas que incluyen la historia y literatura argentina, las formas estéticas, y la sustancia humana presente en muchos de sus cuentos, así como varias claves que en su escritura utilizó el autor argentino. Arrigucci toca temas latinoamericanos recurrentes como los cautivos o civilización y barbarie, pero también escucharemos términos como “destierro trascendental” y a autores que van desde Cervantes a Coetzee.

Baja aquí la conferencia

David Arriguci, Jr.
El sentido histórico en Borges
Historia y literatura. Viejos y Nuevos Problemas
Facultad de Filosofía y Letras, México
28 de agosto de 2007


Clásicos latinoamericanos gratuitos

agosto 28, 2007

La biblioteca Ayacucho ha puesto a disposición del público gran parte de su colección de clásicos latinoamericanos en formato PDF. La editorial venezolana promete ir actualizando la colección.

Bolívar, Darío, Rodó, Sarmiento, Martí, Justo Sierra, Machado de Assis, Henríquez Ureña, Fray Servando, Guamán de Poma, Quiroga, compilaciones de textos nahuas (comp. León Portilla), poesía de diversos autores modernistas,  Andrés Bello, Domingo Faustino Sarmiento. Las obras clásicas latinoamericanas más consultadas ahora a un par de clics.

 CLIC para ir a la Biblioteca Ayacucho Digital

 

Nuestro enorme agradecimiento a María del Rayo Ramírez por el tip.


Uno más para su biblioteca Virtual

junio 25, 2007

Sin mucha presentación, por que en realidad no la necesita, les dejo un indispensable más. Las Venas Abiertas de América Latina de Eduardo Galeano, revísenlo y léanlo, pero si tienen la lana para comprarlo no lo duden. Muchas objeciones podrían hacérsele a un texto de las características de Las Venas Abiertas, sin embargo, es y seguirá siendo un testimonio del exilio de los latinoamericanos en los 70, lleno de poesía y de sarcasmo, Eduardo Galeano les transportará por la historia de América Latina y su Despojo.

Eduardo Galeano
Las Venas Abiertas de América Latina
Siglo XXI Editores, Varias Ediciones.

 

Versión tomada de www.librostauro.com.ar.