Documentos Historia colonial y prehispánica

julio 2, 2008

Desde el blog hermano Tlahtolyoliztli nos llega un valioso conjunto de fuentes, documentos e imágenes de historia prehispánica nahuatl, de la conquista y colonial, así como algunos escritos de estudios poscoloniales. Los documentos – en español en su mayoría, exceptuando los códices, obviamente –  pueden accederse desde los menús de las páginas del profesor de Harvard José Rabasa (o en nuestro espejo aquí).

(Vía Tesiu R.X)


La palabra nahuatl

septiembre 19, 2007

por Tesiu R. Xelhuantzi

I.

Náhuatl es un término utilizado en la actualidad por historiadores, antropólogos y lingüistas, para referirse a la lengua que utilizaron los aztecas, y que según los censos oficiales, actualmente hablan alrededor de un millón y medio de personas en la zona central de México.

Sin embargo los frailes españoles que estudiaron esta lengua durante los tres siglos de Colonia en México, la registraron con el nombre de “mexicano”. Tal es el caso del estudio elaborado por Fray Alonso de Molina en 1571: Vocabulario en lengua mexicana y castellana. Fue hasta después de la Independencia de México cuando se comenzó a utilizar más el término náhuatl para nombrar a la lengua. Tal es el caso de Rémi Siméon que en 1885 publicó su Diccionario de la lengua náhuatl o mexicana.

Mexicano y náhuatl se utilizaron como sinónimo, pero en realidad no lo son. El primer término viene del gentilicio, es decir que se trata de la lengua que proviene del pueblo y de la cultura de los mexicanos. En cambio náhuatl es un adjetivo. En su diccionario, Molina lo tradujo como “cosa que suena bien, así como campana”. El problema de su traducción es que “sonar bien” parece que dice que suena bonito, pero más bien quiere decir que suena fuerte. Náhuatl viene a su vez del verbo nahuati: hablar alto. Pero para los antiguos mexicanos, eso significaba mandar. Si uno dice nimitsnauati, literalmente dice yo te hablo alto, pero significa yo te ordeno. Aunque antes de la llegada de los españoles ya existía el término náhuatl, no se utilizaba porque planteaba una relación de mando. En cambio se utilizó ampliamente el término tlahtolli, que quiere decir palabra, hablar.

Aunque nahuati y tlahtolli quieren decir hablar, son antagónicos entre sí. Desglosemos un poco. Tlanahuatiani quiere decir el que habla (alto), pero significa mandón. En cambio tlahtoani, que también dice el que habla, significa gobernante. El significado de mandón y gobernante nos dice que son diferentes, pero aún no es suficiente. La respuesta lingüística para nauati (hablar alto=mandar) es ninotlatequilia (yo trabajo para alguien). La respuesta para tlahtoa (hablar=gobernar) es nimitzcaqui (yo te escucho, entiendo). Aquí encontramos una diferencia abismal entre obedecer y entender. Náhuatl implica una relación de subordinación. Tlahtoa es una relación de consenso que genera gobierno. Los antiguos mexicanos tenían al tlahtoani como gobernante, y no a un tlanahuatiani como mandón. Por eso la lengua y cultura mexicana está asociada con la palabra consensuada tlahtolli, y desvinculada con la palabra mandada náhuatl. Pero los frailes españoles no fueron capaces de percibir esta enorme diferencia, o tal vez sí lo consiguieron y de manera maquiavélica se cambió el nombre de la lengua mexicana por náhuatl.

El cambio de nombre no fue casual. Se envuelve en el contexto de consolidación de los Estados nacionales en el continente americano durante el siglo XIX. Las lenguas y culturas previas al Estado-nación fueron unificadas bajo la cultura dominante. Por ejemplo, España se unificó bajo la lengua castellana, pero también bajo el mando del reino de Castilla. Cuando se conformó en Estado, España convirtió al castellano en lengua oficial nacional, y ahora se le conoce como español, muy a pesar de otras lenguas como el vasco o el catalán.

El caso del mexicano fue al revés. Se tomó a la lengua mexicana para nombrar al nuevo país: México. Pero esta lengua no se convirtió en lengua nacional oficial del Estado Mexicano. En cambio, el español se convirtió en la lengua oficial, muy a pesar del centenar de lenguas existentes. Lo contradictorio fue que en México no se reconoció al mexicano, es decir a la lengua mexicana. En su lugar, se reconoció al mexicano como un ciudadano de nacionalidad mexicana. La cultura y lengua mexicana se volvieron ajenas a la nacionalidad mexicana. Estamos hablando de una apropiación del término mexicano por parte del Estado.

Fue entonces que se retomó el término náhuatl para diferenciar a la lengua mexicana con la nacionalidad mexicana. Con la consolidación de las instituciones mexicanas (nacionales) en el siglo XX, las disciplinas de las ciencias sociales comenzaron a trabajar para el Estado mexicano. Intelectuales comprendidos desde José Vasconcelos hasta Manuel Gamio, desarrollaron un sustento teórico sobre la identidad nacional que en su momento tomaría la forma del indigenismo de Estado. En este sentido, la sociología, la antropología, la historia y la lingüística retomaron el nombre de náhuatl para referirse a la lengua y cultura, y nombraron mexicana a la identidad nacional que el Estado mexicano había construido artificialmente.

II.

Ahora veamos otra mirada distinta a la institucional, la de los hablantes de la lengua. En las comunidades se sabe que el gobierno utiliza el término “indígena náhuatl”. Por eso cuando alguien de la comunidad habla con un foráneo, se refiere a la lengua como náhuatl. Pero entre nosotros le decimos a nuestra lengua mexicano, mexikatlajtol (lengua mexicana), o masewatlajtol (lengua masewal). Aunque masewal fue el término para designar a la clase social más baja durante tiempos prehispánicos, en la actualidad se utiliza esta palabra para identificar al que pertenece al pueblo náhuatl, como lo muestra la siguiente frase:

Tejuan timasewalmej.

La traducción en lengua castellana sería: somos nahuas. Sin embargo, la frase perdió su sentido en la traducción debido a que la lógica del español no contempla el contenido cultural que la lengua náhuatl manifiesta. Veamos con más detalle.

i) Tejuan: es el pronombre personal de la primera persona en plural, es decir nosotros. Pero no es el nosotros que estamos acostumbrados a entender en español. Este nosotros se compone de tej-, que es el pronombre personal de la segunda persona en singular (), más el sufijo –uan, una de las formas de pluralizar. Entonces, tenemos que tejuan (nosotros) literalmente dice tú-s, es decir muchos tú. Esto nos muestra que:

  • El término tejuan plantea un diálogo entre dos sujetos. Un yo (S1)[1] implícito, y un (S2) explícito.
  • Pero el se pluraliza en muchos . En esta parte del proceso, el yo se difumina, y sólo quedan los tú-s, para conformar el nosotros (N)[2].
  • Esto rompe la lógica occidental de yo + = nosotros.
  • En náhuatl se plantea la relación + + …= nosotros.
  • Por lo tanto N ≠ N. El nosotros planteado en español no es el nosotros concebido en náhuatl.

Así entonces, tejuan es un nosotros distinto al nosotros occidental. El yo se pierde en el proceso, pero antes interpela al para conformar una comunidad: el nosotros.

ii) ti_j: es el prefijo personal de sujeto de la primera persona en plural, y también se traduce como nosotros. Lo peculiar de este prefijo es que sólo existe en las primeras y segundas personas, pero no en las terceras. Sullivan especifica que este tipo de prefijos “se componen con el verbo y designan a la persona o cosa que está en relación directa con él” (Sullivan, 1976: 52). Esto es, que el prefijo está haciendo énfasis en la relación con un sujeto o con la vivencia. Pongamos unos ejemplos para entender mejor:

tikochi: duermes.

Se compone de ti[3] (tú) + kochi (dormir) = tú duermes. Podemos darnos cuenta que en español la palabra duermes ya incluye implícitamente al sujeto . En cambio en náhuatl tiene que hacerse explícito el sujeto, de otra manera no se entiende, puesto que está describiendo una relación entre el sujeto y la vivencia, es decir entre el y el dormir. Por eso se incluyen ambos elementos en la misma palabra.

Además, cuando se trata del plural de la primera persona, es decir del nosotros, el se pluraliza con una marca al final de la palabra: j. En este caso, quedaría así:

Tikochij: nosotros dormimos.

Ti se pluraliza con la j del final de la palabra y constituyen una unidad, aunque parezca que están separados por el verbo kochi (dormir). De esta manera, el se pluraliza en tú-s, para convertirse en nosotros, y conformar una comunidad engarzada por la vivencia del dormir.
Tenemos la misma lógica que tejuan hace en torno a la pluralización del , pero además ti_j nos muestra que:

· Se hace énfasis en una relación, que al tratarse de sujetos se convierte en un diálogo.

· Este diálogo entre sujetos es articulado por una vivencia, que en conjunto conforman la comunidad del nosotros.

Así pues, podemos decir que ti_j nos muestra elementos de un diálogo intersubjetivo vivencial, a diferencia de la lógica occidental como la del castellano, en donde se convierte al nosotros en un ser pasivo, y privilegia la relación sujeto–objeto que coloca al yo en un altar egocéntrico.

iii) masewa: es el verbo merecer. Con el sufijo primario del sustantivo li, el verbo se convierte en sustantivo, y entonces masewal dice literalmente el que merece. Si le agregamos el sufijo del plural –mej, entonces masewalmej se entiende como los merecedores. La concepción de merecer es tan importante para la cosmovisión náhuatl, que utiliza el término para describirse a sí misma. Por eso son necesarias unas palabras más para intentar comprender el término. Cuando a uno le invitan a comer, se dice ximasewa (¡merece!). Los signos de exclamación no tienen el sentido de una orden como puede interpretarse en español, sino como una exhortación, y al mismo tiempo una interpelación. Merecer la comida implica habérsela ganado con el trabajo y respeto. Lo mismo pasa en la concepción del hombre y la vida, hay que ganársela con trabajo y respeto a los demás hombres. El término masewal no es una capacidad de hablar náhuatl o haber nacido en una familia náhuatl, tal como plantea la definición oficial de “indígena” como aquél que habla una lengua “indígena”. En cambio, masewal es una actitud ética. El que merece, es el que se merece/respeta a sí mismo y a los demás como hombres y no como cosas, como sujetos y no como objetos.

De esta manera, la oración tejuan timasewalmej que se traduce como somos nahuas, tiene un sentido distorsionado. Una traducción nunca podrá ser idéntica entre una lengua y otra, sobre todo cuando se trata de lenguas/cosmovisiones lejanas entre sí como lo son las lenguas latinas y las lenguas yutoaztecas. La oración expresada en español somos nahuas, es restrictiva a los que hablan náhuatl. Pero se trata de una restricción que impone la lógica del español debido al carácter hermético y cerrado que tiene el nosotros desde la perspectiva occidental.

En cambio, el nosotros desde la perspectiva náhuatl no es restrictivo, sino inclusivo. Se abre al diálogo con todos aquellos que quieran pertenecer a la comunidad, por eso hace énfasis en la relación entre sujetos. Finalmente, desde la perspectiva lingüística náhuatl, no se utiliza el término náhuatl, pero tampoco mexicano. La comunidad no plantea un término, sino una actitud ética. De esta manera, la oración se entendería así:

Tejuan timasewalmej = Nosotros somos los que tenemos la actitud ética de merecernos y dialogar para conformar la comunidad del nosotros.


[1] S = sujeto.
[2] N= nosotros.
[3] Prefijo personal de sujeto de la segunda persona en singular.

Tesiu N. Xelhuantzin
La palabra nahuatl
Literatura memoria e imaginación a través de la oralidad y la escritura
México, CIALC, UNAM
18 de septiembre de 2007


De cómo un coyotito le invitó un trago a un masehual…

marzo 3, 2007

… y le creció la lengua.

Tesiu (doctorante en Estudios Latinoamericanos) relata una visita a un poblado de habla náhuatl y nosotros aprendemos y reflexionamos sobre la identidad, la cultura, la sociedad y la política; todo esto a través de la lengua.
Una buena introducción al mundo de la etnolingüística.

Ponencia en PDF

Tesiu R. Xelhuantzi
De cómo un coyotito le invitó un trago a un masehual y le creció la lengua
Mesa redonda CCyDEL: Escritura y tradición oral
Septiembre 2006